LEÍDO que el nuevo Gobierno de Galicia va a impulsar una reforma legislativa para conseguir la paridad en las listas electorales, me he afanado en unos cuantos supuestos, hasta condensarlos en uno. En cualquiera de los próximos comicios, Pérez Touriño o Anxo Quintana se encuentran con que tienen que confeccionar una candidatura en la que las previsiones le dan a su formación 10 diputados, concejales o lo que el caso marque. Hace una revisión a fondo del equipo humano de que dispone, y por más vueltas que le da le salen 7 mujeres superdotadas y 5 hombres muy bien preparados. Supongo que no optará por subastar entre los otros grupos concurrentes las dos mujeres que le sobran, para que el país no pierda esa singular aportación. Si el ejercicio es absurdo, no tengo culpa alguna. Es que parte de un hecho absurdo, y lo que de ahí surja no puede ser otra cosa. Tengo para mí que estamos en un caso en que se siguen más que los dictados de la inteligencia, los de la moda y el oportunismo. Está bien visto en cuanto abusan de un niño, apresurarse a cambiar al día siguiente la Ley del Menor; o si mueren 11 personas en un incendio, aprobar unas normas que por ser un tanto huecas parece que aportan más ruido que nueces; o forzar, en fin, que las mujeres lleguen a determinados puestos con calzador, por una imposición a la sociedad y no porque se haya preparado el camino para conseguir la promoción de las féminas. Frente a la previsión, no sólo la improvisación, sino las soluciones demagógicas, medidas que dicho sea de paso creo que únicamente impresionan a los superficiales. Y que no son patrimonio de éste o de otro gobierno, sino prácticamente de todos. Estoy con los que afirman que la paridad, como la caridad, empieza por uno mismo... pero parece caprichoso imponerla a los demás. Lo que resulta evidente es que, si pierde la de, como hacen algunos con Madrí, nos quedamos en lo evidente: la parida empieza por uno mismo.