18 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.
Lo bonito. La ceremonia de constitución del Parlamento de Galicia nos mostró la cara hermosa de la política: respeto entre los adversarios y categoría institucional. Y además, hubo toques de emotividad. El viejo león, apeado al fin de la presidencia, sentado al frente de la mesa de edad, cumpliendo digno con el reglamento. Una mujer (¡ya era hora!) mandando en la Cámara. La ilusión en la cara de los dos políticos que pilotarán el nuevo ejecutivo. Y un himno gallego muy sentido a modo de colofón. Que dure. Ojalá que el adanismo de los nuevos dure y que no caigan en los pecados propios del poder: la intransigencia y la incapacidad de soportar una crítica. Ojalá también que los viejos se adapten con fair play al durísimo rol de no mandar.