Los cálculos del tripartito

PEDRO ARIAS VEIRA

OPINIÓN

BEIRAS leyó bien las autonómicas del 2001. El BNG se había convertido en una formación bloqueada en la margen izquierda del electorado. Ante la inquietud extendida tras el 11-S de Estados Unidos, necesitaba de otra versatilidad galleguista. Para ello se acercó a Fraga, que también buscaba salir del encastillamiento en la margen derecha. Luego llegó el Prestige y lo estropeó todo. El gran beneficiario fue el PSOE, que se apoderó del espacio referencial de todos los cambios. Desde entonces BNG y PP bajan y PSOE sube. Tras el 14 de Marzo el PSOE es además alternativa de cambio respaldada por Madrid, una sigla útil frente a dos etiquetas polarizadas. Pero el PSOE solo es segundo partido y el BNG se encuentra ante la decisión de su vida. ¿Se verá más como una sigla con miedo por la inflexión electoral o jugará a fondo la carta de la imprescindibilidad gubernamental? Todo un dilema. En una época donde los estrategas electorales han superado la linealidad izquierda-derecha, el BNG se encalló en la izquierda del PSOE. Y aunque cuenta con una activa militancia y unas bases territoriales relevantes, al restringir su abanico de alianzas seguirá dependiente de los socialistas. Necesita algún poder para abordar futuros cambios. Aceptará un pacto desigual. El PSOE tiene sus fortalezas y debilidades. Ha crecido pero no es el primer partido. Se ha basado en una política pasiva, esperando o provocando más el error adversario que arriesgando el acierto propio. Es heterogéneo internamente, y a nivel gubernamental Galicia no es prioritaria. Un bipartito exigente aquí desestabilizaría el modelo socialista central. Necesita anular al PP y dejar vacío de contenido el proyecto reivindicativo del BNG. Y seguir creciendo para convertirse en primer partido gallego. Para ello tratará de hacerse con las presidencias visibles y las consellerías de poder fáctico. Dará cancha mediática local al BNG y limitado poder real; no espera un órdago firme de sus socios-adversarios. Controlando el Boletín Oficial del Estado y respaldado por la robusta red mediática central, con buen talante en la forma y mano dura en el fondo, detentará los resortes principales del juego. Solo falta saber si el PP seguirá mareando la perdiz de la sucesión, soñando con la nostalgia de la aldea perdida, o si se renovará a la altura de los tiempos. La calidad del gobierno bipartito también dependerá del tercer partido en la oposición. Ojalá veamos una rigurosa competencia política; es el escenario más deseable para el electorado gallego.