La complicidad del Rey

| MARÍA ANTONIA IGLESIAS |

OPINIÓN

ESTABA el lendakari Ibarretxe que no le llegaba la camisa al cuello con lo casi imposible que se lo ha puesto su fracasada apuesta por aquel malhadado plan en el que invirtió todos sus efectivos políticos y lo más imposible aún que se lo están poniendo las aguerridas ciudadanas de las Tierras Vascas. Estaba el lendakari pensando incluso en repetir las elecciones sin estas señoras o, lo que es lo mismo, el dirigente de LAB Díez Usabiaga, se le subían a la parra y le pedían la luna, que le tuvieron en vilo hasta el último momento. Estaba hasta la calva de la disparatada verborrea de la responsable de Eusko Alkartasuna, la señora Erratzi, que se había apresurado a marcar su territorio calificando el terrorismo de ETA como «actividad armada». Estaba sumido en la frustración y el bloqueo mental buscando desesperadamente un acuerdo subterráneo con el PSE, un pacto de no agresión por parte de los socialistas que sólo piensan en el ajuste de cuentas con un PNV maltrecho y desconcertado. Estaba Ibarretxe sometido a la estrecha vigilancia de los suyos, de los moderados del partido, que le miran con cara de pocos amigos y que es lo que le faltaba al pobre. O sea, que estaba fatal. Y de repente se le apareció la Virgen. O mejor todavía, el Rey, que en estos momentos es para Ibarretxe más que la Virgen, dicho esto con todos los respetos a Nuestra Señora de Arantzazu, de la que es tan devoto el agobiado lendakari. Y resulta que, mira tú por dónde, el Rey no sólo le escuchó con interés (cosa ésta que hace bastante tiempo que no le pasa a Ibarretxe, que todo el mundo le huye, porque temen que les va a flagelar, todavía, con aquel plan suyo del que ya no habla ni Egibar), sino que pareció comprender su atribulado estado de ánimo. Así que la visita institucional se convirtió en un diálogo sincero, a calzón quitado con perdón, en el que el Rey dijo compartir las esperanzas de Ibarretxe en un futuro de paz para Euskadi. Coincidieron ambos, el lendakari y el Rey, en que eso y ninguna otra cosa es lo que realmente importa, y nunca mejor dicho. No se sabe si el contumaz Ibarretxe le prometió al Rey olvidarse de su plan , pero lo cierto es que de ello no hizo mención alguna, lo que permite albergar la esperanza de que no volverá a las andadas. Y dicen que el lendakari percibió una cordialidad muy especial por parte del Rey, algo así como un guiño indisimulado, una cierta complicidad, algo así como un «vamos a ver si Zapa y tú me conseguís esto de la paz». Y resulta que el propio Zapa también tiene la misma sensación de apoyo del Rey, la misma que tuvo Ibarretxe.