A un paso

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

12 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

NO SÓLO hay toallas en Valença. El norte de Portugal es una delicia a tiro de autopista. Está el hotel en lo alto de Santa Luzia que tiene sabor a novela de Thomas Mann, que se parece tanto al Lido de Venecia. Está el tiempo detenido en los cafés Astoria y Viana del centro de Braga. Braga con la sobredosis de sentimientos que hay en todas las ciudades universitarias. O su estadio de arquitectura increíble, con uno de los fondos cerrado por la pared de una montaña. Están las playas de Viana, donde el viento hace ondear el salitre. Están los portugueses que son tan amables que parecen orientales. Está la tienda de vinhos de Caminha, en su corazón de piedra. La fortaleza del Rei Dom Diniz acostada sobre el Miño en Vila Nova de Cerveira. Está la pegada de los romanos en Barcelos. Los gallos de Barcelos con sus corazones dibujados. En todas las casas lusas hay un gallo de Barcelos, como los bibelots de cerámica azul Sargadelos que hay en nuestros hogares. Un gallo de Barcelos no te lo puedes comprar, te lo tienen que regalar. Está la ruleta de Póvoa, donde gira frenética la suerte. Y todo tan parecido a Galicia, como una Galicia atenuada. Es como estar en casa, en casa de un hermano. cesar.casal@lavoz.es