Frente al terrorismo, democracia

BIEITO RUBIDO

OPINIÓN

NADIE está libre del terrorismo. De ahí que al presidente Zapatero le faltase fineza cuando Alberto de Mónaco le preguntó en Singapur por la seguridad de Madrid. La respuesta debería recordarle a ese príncipe de juguete que el signo de estos tiempos es que todos somos objetivo de la barbarie, incluso Londres, crisol europeo de culturas y mestizajes. Sólo con la unanimidad de la gente de bien se podrá luchar contra esta otra forma de hacer la guerra. El día que entendamos que frente a los terroristas sólo se puede combatir con la unidad de los demócratas, habremos dado un paso de considerable relevancia. Es la democracia lo que quieren derribar. Nos infunden terror porque prefieren que escojamos seguridad frente al bien más preciado de los demócratas: la libertad. Y es ahí donde no debemos ceder. Los enemigos son ellos. Los malos siempre son los terroristas, los de Al Qaeda o los de ETA. No nos equivoquemos: los malos no son Rajoy, Zapatero, Blair o Aznar. Los que nos matan son los que ponen las bombas. En Londres, en París o en Bilbao. Lo de menos es como se llaman. Es curioso que en el 11-M español parecía que lo único que importaba era quién había puesto la bomba. Y según la autoría, se beneficiaban unos u otros. Lo de menos eran los muertos, y se le exigió al gobierno de entonces un striptease informativo y una eficacia en la investigación que para nada aparece en esta ocasión en Londres. Los británicos, como los norteamericanos en el 2001, han demostrado más unanimidad que la cainita actitud de la sociedad española. Aquí nos volvimos locos culpándonos entre nosotros. Varias cosas tengo claras, ahora que todavía no se han apagado los ecos de las sirenas de Londres, que han venido a hacernos revivir nuestro trágico 11-M. El terrorismo está en guerra contra la libertad, contra la democracia. Al terrorismo no se le combate con apagones informativos como el de ayer, porque eso es un desprecio a la democracia, pero los demócratas debemos defendernos con la unión y no con el cainismo que España practicó en su día. Los buenos somos los que creemos en que el hombre siempre puede ser mejor y que no hay que matar a nadie para hacer valer nuestras ideas. El Islam no es el enemigo. Sí lo es, sin embargo, el no percatarnos de que el hambre de África o de Sudamérica generan desigualdades que siempre acabaremos pagando de una u otra manera. Cuando una bomba explota en Bagdad, un niño muere en Sudán, o un político hace trampas en Bilbao, todo eso, más tarde o más temprano, lo acabaremos pagando. La solución no es más seguridad a costa de menos libertad en la opulenta sociedad occidental. Eso es como cuando los ricos elevan muros y rejas en sus exclusivas urbanizaciones. El remedio es libertad y justicia social para todos. Frente al terrorismo, democracia. Lo escribió San Agustín hace muchos años: en lo esencial, unidad; en la duda, libertad; y en todo, amor.