ESTIMADO Fernando: por mucho que intente evitarte no puedo. Tu pericia al volante, tu melenilla, tu carisma... Afirman que eres un crack . Un símbolo patrio. Me gustaría decirte, como tantos otros, que me siento orgulloso de ti. Que tus triunfos son los míos. Pero no te quiero mentir. Duermo exactamente igual tanto si quedas de primero como de último. No me malinterpretes, que te deseo lo mejor. Que si dicen que lo haces bien será por algo. Ojo. Que yo no entiendo de eso. Que si quedas campeón del mundo la piel de toro va a ser un festival. Y que te lo mereces. Seguro. Pero entiéndeme. Te veo hasta en la sopa. En la tele, en periódicos, en revistas, anunciando consolas, barritas de muesli... ¡Y lo que les has hecho a los míos! Les has cambiado. Hasta hace poco sabían de Fórmula 1 lo mismo que yo. O sea, nada. Pero ahora controlan el dibujo de las ruedas, el tiempo que pierdes en boxes, el peralte de las curvas... Es mi gente. Y me siento perdido entre ellos. Cuando pilotas no les reconozco. Parecen el equipo Renault. Bueno. En todo caso. Insisto: está claro que eres un crack . Y te vuelvo a desear lo mejor. Permíteme, eso sí, un consejo: al loro con esa legión de fieles que te ha salido. Ya sabes cómo somos. Hoy eres un artista y mañana, como pierdas, un desgraciado. Que si los judas volasen no se vería el cielo. PD: Oye, recuerdos para el reportero ese de la tele que parece tu sombra. ¿Pelín cansino? ¿No?