Euskadi y Galicia

OPINIÓN

26 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

IBARRETXE es lendakari con los votos de la izquierda aberzale, esos parlamentarios que obedecen a Otegi, razón por la que, como hacía Arzallus, a pesar de no ser miembro de la Cámara vasca, formará parte de cualquier foro para el diálogo en busca de solución al conflicto vasco. La declaración de ETA que concede salvoconducto a los políticos electos suena a generosa excepción en materia de objetivos para sus comandos asesinos, amén de colocar en situación de privilegio a quienes necesita como interlocutores en el proceso que ha diseñado el nacionalismo para alcanzar un nuevo estatus con relación al Estado. A pesar de la ruptura, en casi todos los espacios de la vida pública de España, PP y PSOE no han tenido más remedio que juntarse para dar una respuesta, a través de la candidatura de Patxi López, a la ya tradicional de Ibarretxe. Deberían entender, a estas alturas, que los grandes problemas del Estado requieren de acuerdos al margen de la confrontación. El consenso es un instrumento fundamental en la política como arte y compromiso para resolver las demandas de los ciudadanos. Mientras, aquí seguimos pendientes de lo que votaron, a su manera, unas personas que sin ser ciudadanos gallegos han sido dotadas del derecho a decidir el futuro de una comunidad en la que, en muchos casos, ni siquiera han nacido, ni viven, ni formarán parte de su paisanaje, por la simple razón de estar con pleno derecho en otro mundo. Pensar que en Euskadi, allá por 1995, rechazamos por inmensa mayoría las pretensiones del PNV para incorporar a la diáspora vasca al derecho de votar en un hipotético referéndum sobre el futuro de las relaciones Euskadi-Estado español. Se quedó sólo el PNV en tales pretensiones, que trataban de dar a los ausentes el mismo derecho que a los presentes. Claro que todo vale en esta Galicia del siglo XXI, con vocación de pasado, de aldea profunda, de olor a puchero de garbanzos. Me temo que estamos ante otro capítulo de la peculiaridad de la democracia gallega, que, además de «acarretar votos» y manejar favores donde hay derechos sociales, nos puede sorprender con la capacidad de los ausentes para decidir la vida de los presentes, todo ello acompañado de la judicialización del proceso electoral que ha visto interrumpido su resultado de la noche del 19-J. Y pensar que yo creía que lo había visto todo en Euskadi, hasta que viví en Galicia...