Las barbas del vecino

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

CREO EN la Francia social (Estado de bienestar, derechos laborales consagrados, etc.), pero también creo que sus más acérrimos defensores deberán de explicar algún día por qué el PIB francés crece menos que el británico, por qué su renta per cápita es inferior a la irlandesa y por qué aumenta su desempleo hasta situarse en dos dígitos. El nuevo primer ministro, Dominique de Villepin, se ha limitado a anunciar, hace unos días, un plan continuista, con la sola novedad de una partida de 4.500 millones de euros para combatir el paro. Su idea inspiró tanta confianza que sólo recibió el apoyo de su partido, y ni siquiera el presidente de éste, Nicolás Sarkozy, se mostró entusiasmado (no en vano Villepin -hombre de Chirac- y Sarkozy discrepan en tantas cosas). De modo que el cambio anunciado por el presidente francés consiste en que no habrá cambio. Y ya son muchos los que se preguntan si en Francia se puede cambiar algo. Casi todos reconocen que el modelo laboral francés es muy rígido y que existe una enorme presión social para evitar su reforma. Es ésta una realidad insoslayable contra la que sólo Sarkozy asomó las uñas siendo ministro de Finanzas. Pero Chirac lo frenó en seco. Todo menos perder votos. Todo menos enfrentarse a unas masas muy combativas y decididas a defender sus derechos a cara de perro. Mejor seguir con un «vamos tirando» que no satisface a nadie, pero que deja a todos con el sabor de boca de que la batalla todavía no se ha perdido y que incluso puede ser que no se libre. Ni la izquierda ni la derecha han puesto nada sobre la mesa que merezca el nombre de remedio para los males franceses (que se reconocen y con los que se convive, pero que no se atajan). Se admite la realidad de una economía endeudada, burocratizada, improductiva y generadora de paro, pero no se hace nada para cambiarla (salvo vanos y extenuantes debates en todos los foros). Con lo cual Francia se ha convertido en un magnífico modelo a no imitar, en la lección que España y otros países deben aprender para evitar su parálisis y su miedo. Mientras sigamos así, todo irá bien. Ellos también tendrán que aceptar la realidad en algún momento. Porque sus barbas están a remojo.