¡Qué noche la de aquel día!

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

LO CONTARÉ en clave personal, como si se tratase de una confesión. Todo empezó poco después de las ocho de la tarde del pasado domingo. Tres encuestas a pie de urna coincidían en situar al PP lejos de la mayoría absoluta, con un PSdeG-PSOE que mejoraba mucho y un BNG que se mantenía. Me senté ante el ordenador y escribí el título: «La victoria del cambio». Elogié el acierto de las encuestas previas, evalué el cambio propuesto por socialistas y nacionalistas e hice hincapié en la sintonía que debían conseguir si querían tener éxito en el gobierno de Galicia. Y estaba en estas sutiles reflexiones cuando recibí una llamada de un amigo que seguía el escrutinio por Internet: «Con el 16% escrutado, el PP tiene 38 escaños». Quedé paralizado. Era obvio que las cuentas no cuadraban con lo que estaba escribiendo. Por ello, cuando ví que, con el 25% escrutado, el PP mantenía la mayoría absoluta, empecé un nuevo artículo titulado escuetamente: «Fraga sigue». En él llamaba la atención sobre el desacierto de las encuestas y explicaba la existencia de una «pulsión de cambio» que había revelado no tener fe suficiente en las promesas de socialistas y nacionalistas. Una nueva llamada me desbarató también este artículo. El PP estaba un escaño por debajo de la mayoría absoluta, y el tiempo pasaba sin que se registrasen cambios. Paciente, escribí un nuevo título: «Reñido resultado», y describí una situación de espadas en alto, favorable al cambio, pero todavía pendiente del voto de los emigrantes. Eran las diez y media de la noche cuando me llamó Jesús Naya desde la redacción central para saber si tenía ya el artículo. Bromeé que cuál quería, porque tenía tres. Me dijo que Víctor F. Freixanes y Xosé Luís Barreiro Rivas escribían cerca de él y afrontaban semejantes dificultades. Hablé un momento con Víctor. Me contó que estaba escribiendo sobre un cuco que acertaba más que las encuestas. Se acababa el tiempo y envié «Reñido resultado». Y me puse a escuchar el lúcido cuco de Freixanes, mientras releía los artículos que nunca verían la luz. Pura intrahistoria del periodismo, pensé. Se lo cuento ahora porque también en esto consiste esta espléndida y agotadora profesión.