Mitad y mitad

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

EN GALICIA estamos mitad y mitad. En cuestiones políticas, se entiende. Porque cuando se nos plantea la necesidad de decidir quiénes son los que van a ayudarnos a escribir nuestro futuro, la mitad nos inclinamos por unas opciones y la otra mitad por las otras. Somos así de divertidos y de plurales. No interesa jugar todo a una carta por lo que pueda pasar. Ni inclinarse abiertamente hacia un lado porque puede verse que quedamos muy escorados. Es mejor estar al cincuenta por ciento. Así, pase lo que pase, siempre tendremos algo que ganar. Galicia celebró ayer, bajo la apariencia de unas elecciones autonómicas, un plebiscito sobre la permanencia o no de don Manuel al frente de la Xunta. Con una participación histórica, impropia de estos lares. Galicia celebró una consulta sobre un estilo de hacer política, sobre una forma de entender el servicio público y sobre una manera de ver el país. Y lo que los gallegos decidimos, al fin y al cabo, es que por unha parte, xa ve, e por outra qué quere que lle diga . O lo que es lo mismo. Por una parte, estamos encantados, aunque por la otra creemos que hay que cambiar. Sólo así se entiende que unos pocos miles de votos vayan a decidir si en los próximos cuatro años será un partido conservador o una coalición el que lidere este país. La mitad de los parroquianos, parroquiano arriba, parroquiano abajo; el 52%, entiende que han de ser unos. Y la otra mitad, el 45%, que es mejor que lo sea el otro. Y a todo esto, falta por conocer la opinión de los que residen en Ultramar y a quienes les hemos dado el derecho a decidir sobre lo que aquí se vaya a hacer, aunque muchos de ellos no sepan ni quienes somos, ni tan siquiera sean capaces de localizarnos en el mapa. Pero nunca como hasta ahora, este país se había manifestado en una consulta electoral de una forma tan ajustada. O lo que es lo mismo. Mitad y mitad. Unos para un lado y otros para el otro. Será porque no queremos incomodarnos con nadie. La mitad con unos. La otra mitad, con los otros. Somos así. Como aquel viejo campesino que decía, «Deus é bó, pero o demo tampouco é malo» .