LOS PARTIDOS políticos han descubierto que el mercado electoral es altamente competitivo; en estas gallegas han tenido que arriesgar y mojarse. El PP comenzó diversificando su oferta nombrando dos vicepresidentes de recambio, Núñez Feijóo y Barreiro. Siguió cambiando la estructura interna del partido en la provincia más poblada, A Coruña, donde el alcalde de Ferrol, Juan Juncal apuesta por revitalizar la marca propia. Fraga demostró que la edad no importa si hay capacidad y motivación, y las filtraciones asimétricas le han hecho el favor de revelar que no carece de energía. Mariano Rajoy ha sido el refuerzo estratégico; se ha dirigido al segmento del centrismo reformista, el que decide el resultado final. El factor MR contra el factor ZP inclinará la balanza. El PSOE ha jugado a tres bandas, sigla, candidato local y presidente amigo. Han concentrado la imagen en Pérez Touriño, y se lo ha jugado todo al rechazo del competidor principal. Cuando han concretado oferta, como en el caso de la Consellería de Pesca para Vigo, han suscitado dudas en la calidad de su producto. Las encuestas lo han animado a oficiar de liderazgo. Si bien en el último tramo de campaña han asomado los nerviosismos por variaciones de tendencia en los indecisos. Como empresa política, el PSOE unificó la firma tras el bandazo político del alcalde coruñés, que se ha sumado al todos contra el competidor principal; una reconversión tardía no carente de riesgo. El BNG hizo cambios más seguros de lo que aparenta el márketing propio. Sabedor de que sería imprescindible para una coalición alternativa, prejubiló a Beiras para presentar a un negociador de confianza para las alianzas cíclicas. El BNG no presentó en los escaparates principales a sus referentes nacionalistas foráneos. Galeusca ya no vende en Galicia, vascos y catalanes inquietan más que atraen. Y Quintana se ha perfilado como cabeza de cartel despolarizado que ha ido a todos los mercados para mostrar talante. La última semana ha sido propicia al PP. Con Zapatero en apuros en Europa, los catalanes exigiendo, ETA avisando, y la oposición social en manifestación y rompiendo el monopolio de la competencia, su marca se ha revalorizado en el mercado de futuros. Como telón de fondo, la sensación de que vivimos una encrucijada difusa, donde lo curioso es que no se sabe con certeza cuáles son los partidos que más están cambiando. El PP ha perdido los complejos y sale de la pasividad cívica; ha decidido competir en todas las gamas. El PSOE reconsidera el talante como producto estrella y anda a la búsqueda de reposiciones atractivas. Mientras que el BNG innova en márketing pero duda a cambiar la gerencia en la trastienda. Los electores ganaremos en atención y ya veremos si en sustancia real. Confiemos en los manuales; dicen que la competencia tiende a favorecer a la clientela. Ojalá que así sea. El parqué político está animado y ya nada volverá a ser igual.