FREIXANES publicó ayer el artículo que pensaba escribir yo hoy, así que me lo ahorro. Me limitaré a congratularme de que hayan dejado de circular esos coches que, como perros ciegos, ladraban eslóganes sin saber a quién y sin poder callar. A veces la política se convierte en eso cuando no hay voluntad de entenderse. Y justo esa voluntad es la que no puede faltar esta noche o cuando se sepan, por fin, los resultados. Unos gobernarán y otros no. Por supuesto, nos caerán más o menos simpáticos, pero no debería deprimirse nadie. Se supone que gestionarán teniendo en cuenta también a quienes no les han votado, buscando el bien común. Con frecuencia se olvida, además, que los votantes hacemos lo que podemos. Quizá ninguna opción nos gusta y terminamos optando por la menos mala o insegura. Eso no significa que aceptemos cada punto del programa electoral. Ni que puedan gobernar como si de pronto todos fuéramos del partido ganador de grado o por fuerza. La democracia obliga a más. Estoy seguro de que, ocurra lo que ocurra, y pese a esta campaña, Galicia siempre será una tierra llena de gente amable y tolerante, que adora los matices y aborrece las simplezas. psanchez@udc.es