Encuestas y tópicos

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

¡AH, LAS ENCUESTAS! En estos días todo el mundo tiene una con los resultados del próximo 19 en las elecciones gallegas. Lo malo es que, cuando nos han convencido de su escasísimo margen de error, alguien añade un comentario que todo lo descoyunta: «Pero cuidado, ya sabes, porque estamos hablando de Galicia, y todo gallego tiene una escalera a mano para despistar. Échale un vistazo al epígrafe de indecisos y te harás una idea». Personalmente, llevo mal esta diferencia, no precisamente positiva, que se nos atribuye a los gallegos, sobre todo fuera de Galicia (que es donde a mí más me dan la murga con ello). Me refiero a esa extraña obsesión por considerarnos esfinges inescrutables, arcanos insondables, enigmas con dos patas, en fin, personas dedicadas a la ocultación y al despiste. Y me pregunto: ¿De qué gallegos estarán hablando estos coleccionistas de tópicos obsoletos? ¿Qué viejas trivialidades los llevan a tratar de convertirnos en paradigmas de la impenetrabilidad del pensamiento o cosa semejante? Yo tampoco sé cuál va a ser el resultado el próximo día 19, pero me gusta que políticos como José Blanco rechacen parapetarse detrás de tanta escalera y tanto jeroglífico para proclamar con claridad y contundencia los datos de encuestas de las que manifiestan disponer. Al afirmarlo así están dejando clara su creencia de que los gallegos no somos diferentes, en nuestros comportamientos demoscópicos, de los habitantes de cualquier otra sociedad moderna y democrática. Incluso si se viesen defraudadas algunas de sus expectativas, yo les agradeceré igualmente esta actitud. Mi crítica se dirige a los amantes del tópico que se empeñan en restarle credibilidad a las encuestas por el simple hecho de haberse realizado entre gallegos. ¿Qué creen de verdad que es un gallego? ¿Un extraterrestre? ¡Ya es hora de enterrar el tópico! Son encuestas ni más ni menos fiables que las de otros lugares. Y también aquí la que vale será la del 19 en las urnas. El que se manifestará ese día no será un pueblo raro, esquivo, desconfiado, temeroso, escurridizo o equívoco. Será un pueblo normal. Y yo me sentiré a gusto sin que nadie me hable de lo raros que somos. ¡Meigas fóra!