HAY países en los que manifestarse aún se paga con la vida. Incluso en muchos de aquellos países que intentan guardar las formas democráticas... hasta que la pérdida del poder empuja a quienes lo detentan a hacer trampas. Pero ya se sabe que es imposible engañar a todos durante todo el tiempo. En España, hace ya muchos años que hemos conquistado el derecho a expresarnos, juntos o por separado. Podemos manifestarnos por lo que queramos y cuando queramos sin el riesgo de recibir un tiro en el pecho. Aquí también pagamos un tributo por el derecho a defendernos; fueron las últimas muertes de la dictadura. Ahora nos manifestamos contra los terroristas que nos asesinan; contra los que abusan del poder y nos engañan; a favor de las bodas gais o en contra de la ley que las autoriza. Nos manifestamos por la paz, y si se tercia usamos la protesta en la calle como arma política contra el Gobierno. Hemos logrado, incluso, que se puedan manifestar quienes estarían encantados de acabar con tu derecho a hacerlo si no piensas como ellos. Es la grandeza de una democracia: fortaleza y generosidad. Pero entre las muchas manifestaciones programadas para estos días hay una que está pasando algo desapercibida. Es la marcha que se ha convocado en varias capitales del mundo contra el hambre. Y son precisamente los que pasan hambre quienes aún son asesinados si reclaman lo que les corresponde. Por ellos, hoy nos manifestamos.