EL bromista más famoso de Gran Bretaña no trabaja en los escenarios ni en los platós de televisión. Su especialidad son los museos. Su última hazaña es haber colgado en una galería dedicada a la prehistoria del British Museum una imposible pintura rupestre sobre una plancha de piedra en cuyo reverso se podía leer Hombre primitivo camino del supermercado . A pesar de que la rueda se inventó en Mesopotamia hace 5.500 años y de que el carro de la compra apareció en los Estados Unidos en los años treinta, el museo expuso durante varios días la extraña pieza sin que sus responsables ni tampoco los visitantes se dieran cuenta de que era una tomadura de pelo. El fraude fue finalmente revelado en una página de Internet del propio bromista, un sujeto llamado Bansky, que en los últimos tiempos ha colgado piezas falsas en museos como la Tate Gallery londinense o el Moma de Nueva York. El tal Bansky no sólo se cachondea del arte con mayúsculas y de la papanatería de las vanguardias sino que aprovecha para colar en sus acciones todo tipo de proclamas, como cuando colgó un retrato de un militar napoleónico en un museo a cuyas espaldas se podía leer No a la guerra . Esto me recuerda aquella vez que un guardia de seguridad me abroncó en el Centro Galego de Arte Contemporánea de Santiago por apoyarme en algo que confundí con un pasamanos. No era una ocurrencia del tal Bansky, sino una reputada obra de un escultor de apellido impronunciable.