LA INFLUENCIA del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se extiende, en distinto grado, por los países limítrofes, y ahora parece apuntar directamente a Bolivia, donde cuenta con la admiración (y la desatada ambición) de Evo Morales, líder indigenista del Movimiento al Socialismo (MAS), un personaje del que cabe esperar cualquier problema y ninguna solución en tanto no alcance el poder. Los otros países a los que dirige su mirada el máximo dirigente venezolano son Ecuador y Perú y, en una fase siguiente, ¿por qué no Colombia y Panamá, países de la Gran Colombia liberados por Simón Bolívar y a los que Chávez querría sumar a su movimiento bolivariano? La estrategia de Evo Morales en Bolivia es indicativa. Teóricamente, lucha por la recuperación de los hidrocarburos para el Estado, pero en la práctica impide su explotación en beneficio de ese pueblo al que dice defender, de modo que Bolivia sigue en la brutal miseria de antaño pese a la riqueza de su subsuelo. Y es que Evo Morales mira hacia Venezuela y comprende lo que se puede hacer con esa riqueza (lo que está haciendo Chávez), y necesita impedir cualquier éxito gubernamental en su país mientras el poder no esté controlado. Un camino por el cual los recursos energéticos, en vez de ser una bendición, pueden convertirse en una maldición para el país. La preocupación de EE.?UU. se ha disparado. Y esto también es preocupante, porque la torpeza estadounidense en la zona ha sido proverbial. Cada vez que claman contra Chávez o ahora contra Evo Morales, los refuerzan. Es el signo maléfico de una visión equivocada de la solución. Bolivia, con nueve millones de habitantes, tiene más de seis millones de población indígena, y EE.?UU. no ha sido capaz de hacerles llegar ni un mensaje esperanzador. Y si no acierta a hacerlo pronto (lo ha intentado estos días en la OEA), descubrirá que ya lo ha hecho Chávez, que es el desestabilizador que cree Washington, pero también el presidente de un país que nada en petróleo y que está dispuesto a llevar adelante su revolución con determinación y generosidad , desafiando a EE.UU. En estas condiciones, no cabe hacer buenos augurios para la zona.