Expectativas de un hombre gris

GERARDO G. MARTÍN

OPINIÓN

A TOURIÑO le falta encanto, carece de eso que el ciudadano llama carisma. Probablemente los gallegos nos aproximaremos a la unanimidad en este punto. Ahora está por ver si tiene pegada electoral, o más que eso: si una serie de factores concatenados le reservan el alto honor de acabar con la carrera política de Manuel Fraga. Desde 1977 escucho, elección tras elección, que nos lo jugamos casi todo en el envite. Esta vez también. Aunque no me canse de repetir que estamos ante las elecciones autonómicas menos gallegas desde aquellas inolvidables de 1981. Se han elevado a otra condición porque un sector quizá significativo de los votantes ha metido en liza a Zapatero, que no está a disgusto en el papel. Y Fraga se ha encargado de hacer lo propio con Rajoy, al afirmar que del 19-J va a depender que el registrador llegue o no a la Moncloa. Además está el modelo de lucha antiterrorista, que si estaba claro a partir del debate sobre el estado de la Nación que iba a ser factor influyente en las urnas, ahora se puede convertir en primordial. En esto no serán sólo los políticos quienes marquen la agenda; también influirá la hidra de varias cabezas que ha juntado la inteligencia y el corazón en la sobaquera. Desde una cierta indiferencia personal hacia los tres candidatos a la Xunta, no creo, sin embargo, que la falta de carisma de Pérez Touriño anule sus posibilidades. Está el precedente de Zapatero, por quien en tiempos casi nadie apostaba un duro. E incluso el de Aznar, que no levantó pasiones colectivas pero sí adhesiones múltiples desde el tono grisáceo de su figura. El líder socialista gallego no es peor que sus dos colegas en liza. Por tener, hasta tiene experiencia político-administrativa en un tema tan querido por los gallegos como las infraestructuras. El futuro está por escribir, a Fraga no se le puede dar por derrotado sin bajar a la plaza, pero Touriño, con o sin encanto personal, es el primer socialista con posibilidades de gobernar Galicia.