LAS ESTADÍSTICAS son tercas y confirman que el uso del cinturón de seguridad contribuye a salvar vidas, pero también ayudarían a maquillar esos balances una buena red viaria y un control del tráfico pensado más en la prevención de los siniestros que en la recaudación. Prescindir de la dichosa cinta negra debiera ser más una decisión personal que una imposición, y no me vengan ahora con el subterfugio de los costes que suponen para el erario público los daños personales, porque si hablamos en términos de economía habría que empezar censurando que se ahorren costes en infraestructuras viarias a base de curvas imposibles, estrecheces y otros factores que redundan en la (in) seguridad. Un consejo: usen el cinturón, porque es más fácil multar que hacer carreteras decentes.