EMPIEZA a haber un consenso peligroso en eso de que vuelve la crispación, un mal rollo que ya vivimos en alguna etapa reciente de nuestra historia (en el trienio 1993-96, por ejemplo). En cambio no hay esa misma coincidencia a la hora de identificar a los responsables de que esté retornando. Los populares tienen claro que la culpa es de un PSOE revanchista que ha vuelto la vista atrás y quiere ganar ahora alguna guerra perdida. Y los socialistas creen que el mal está en una derecha que se está volviendo cada vez más predemocrática o abiertamente cavernícola. Y así estamos, dispuestos a que el desentendimiento vaya a más, y sin ser muy conscientes de las consecuencias. Yo viví como director de Información de la agencia Efe la etapa 1993-96, y puedo dar fe de que no recuerdo una travesía democrática más incómoda y en cierto modo más abyecta, con el lema de todo vale campeando sobre el conjunto de la acción política cotidiana. No me gustaría que, llevados por alguna suerte de pasión irresponsable, volviésemos a transitar por una senda semejante. Instalarse en el cainismo y la rencilla permanente no es una forma sana de hacer política ni sirve para construir una sociedad democrática con sus valores bien estructurados y asentados. Por eso, más allá de lo ocurrido ayer en el Congreso de los Diputados con la votación de propuestas de resolución para afrontar un posible final del terrorismo, me inquieta la forma en que se ha presentado a la sociedad todo el proceso. Porque tanto el PSOE como el PP han sacado su artillería para demoler la posición contraria, intentando establecer, no un acuerdo, sino el culpable de una ruptura. «Dos no rompen si uno no quiere, y el PSOE no quiere romper», ha dicho Alfredo Pérez Rubalcaba, quien subrayó: «No vamos a cejar en el empeño de recuperar la unidad que hoy el PP ha roto». Los populares han mostrado su asombro porque, después de quedarse solos en la defensa del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, alguien se atreva a acusarlos de romperlo. Y en éstas estamos. Con un nuevo camino abierto y una crispación PP-PSOE in crescendo . Ojalá logren pararla a tiempo. Aún es posible. Y sería muy deseable.