Estado de desecho

| MANUEL MARLASCA |

OPINIÓN

16 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

SI NADIE lo remedia, el Congreso de los Diputados le pedirá hoy mayoritariamente a la banda terrorista ETA que se siente a negociar el abandono definitivo de la violencia, que así cabe interpretar la resolución que el partido socialista propone a la Cámara como colofón al debate sobre el estado de la nación. Se dirá -ya hay quien lo ha dicho- que la resolución incluye párrafos de los finiquitados pactos de Ajuria Enea y Madrid y del firmado únicamente por socialistas y populares y que, en palabras de Mariano Rajoy, está congelado. Pero eso no es más que la envoltura de la petición a la banda ETA; más todavía, es la primera muestra de lo acordado entre Ibarretxe y Zapatero en la entrevista que mantuvieron hace diez días en La Moncloa y cuyo contenido no se dio a conocer. Para colmo, el diario Gara , vinculado a ETA, pedía el jueves a Zapatero en un editorial lo que finalmente ha hecho, tal como ha denunciado el Partido Popular, que desde luego no se sumará a la resolución; y por si todo ello no fuera suficiente, el líder de la ilegalizada Batasuna, Arnaldo Otegi, declara que le parece bien, aunque escasa, la resolución del partido socialista, que debe ir acompañada -pásmense- del cese de operaciones policiales contra ETA y su entorno, el de juicios a etarras y el de la vuelta a la legalidad de la coalición abertzale. De ETA la única noticia que tenemos es la explosión de cuatro bombas en Guipúzcoa el domingo. Pero todos tranquilos: la propuesta de Zapatero dice que si se producen las condiciones adecuadas para un final dialogado de la violencia... etcétera, dialogarán. Rafael Vera, que es el hombre que más sabe de ETA, debería contarle al presidente su frustrada experiencia de las conversaciones de Argel y lo que nos dijo a algunos sobre la inconveniente publicidad que se dio entonces a las mismas; y Jaime Mayor Oreja, hoy en el Parlamento Europeo, debería explicarle a Zapatero lo de la tregua-trampa que él denunció cuando era ministro del Interior. O quizás baste recordarle que el ministro de Defensa, si no estuviera en su gobierno, hubiera reaccionado con una frase que repetía en cuanto se hablaba de negociar con los terroristas: «España dejaría de ser un Estado de derecho y se convertiría en un Estado de desecho». Y no seré yo quien contradiga a Bono.