Charlotadas de cagatintas

JUAN J. MORALEJO

OPINIÓN

12 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

CHARLOTADAS de cagatintas: me las presta Fernando Arrabal para el Poncio de Tráfico y su campaña, cuya eficacia se mide en que el conductor infractor diga «la he cagado» cuando los guardias le den el alto. Laconicamente, «la he cagado» porque el Poncio está en función meramente aseverativa, afecto cero. Si los poncios y sus agentes pudieran permitirse en sus prosas extravíos líricos y hacer síntoma de sus entretelas cordiales -¡que también ellos las tienen!- y del sincero afecto que nos profesan, el mensaje sería más vivo y coloquial, tal vez de más enganche e impacto. Al poncio de Tráfico y a sus agentes les molaría cantidad decirnos, por ejemplo, «¡machiño, la has cagao!» y agarimarnos compasivos con una colleja. Pero la Administración no puede permitirse adelantar resultados y disfruta mucho más con que sea el administrado el que se los presente consumados, el que se sienta en la desairada situación de haberla cagado la piense incluso en voz alta. Y si el pronto pago de la sanción tiene un descuento, el tal descuento podría ser ¿por qué no? un poco mayor para los administrados que, ya ante de abanicarse los euros, sepan reaccionar con un sumiso y fehaciente «¡agente, la he cagado!» en cuanto vean en el arcén el envite de gestos verdes. Verdes, pero no obscenos, sino beneméritos. Y todavía hay trecho largo para explotar más a fondo esta flamante Coprolalia Gubernativa que estrenamos. Propongo que para que el infractor sienta y comprenda a tope su caquita, el papelín recaudatorio que se le envíe vaya al grano en términos tales como «haber hecho una deposición excesiva de velocidad», «estar afectado de disentería en el stop», etcétera, siempre en prosa administrativa fina, pudorosa, pues el verbo sonoro y contundente quedará para la basca contribuyente y para los confianzudos y pegajódicos afectos que con ella se permite el Poncio. En fin, charlotadas de cagatintas. «La he cagado», Tráfico dixit y también Dixie y Pixie, que es otro bonito ejemplo de cómo los ventiladores y los tupidos velos se ponen en marcha y se tienden ad libitum, que quiere decir, ya que estamos en Centenario de la Relatividad, que en este mundo traidor nada es verdad ni mentira y todo es según el color del cristal con que se mira¿ La tontería ministerial aquella de que el bichito de la colza se mataba si se caía de la mesa, los dimes y diretes con si cantaría por aquí Carmiña Burana, etcétera, fueron jaleados para hacer ver que derecha e incultura son sinónimos o poco menos. Los mismos jaleadores con sus mismos antojos y prejuicios no dirán ni mú de la ministra que no quiere ser ni Dixie ni Pixie. Imagínense las ventoleras de alarma y denuncia progre si, por ejemplo, Fraga se metiese en líricas de «la has cagado». Los abajofirmantes perennes tendrían una semana de ordagasmo, es decir, el placentero alimón de dos gozadas. Pero un político con carné de amiguete puede decir cuanto le pete, y sin haberlo preparado termino con pareado.