FRAGA pierde los años, pero sólo sobre el papel satinado del cartel electoral, que el elixir de la eterna juventud no se gana en las urnas. Pérez Touriño parece perder mansedumbre: fue su líder del talante quien dijo que del Plan Galicia y las inversiones en general las debatieran Fraga y Solbes. Y él nos sale con la propuesta, por una vez más sensata que la de su jefe de filas, de debatir en el Congreso, que es donde hay que tratar estos asuntos. Quintana ha perdido amigos entre los suyos porque apenas quiere llevar en las listas otra cosa que guardias pretorianos de la UPG. Todos pierden algo, mejor o peor, cuando estamos a más de un mes de los comicios. A los que nos queda mucha paciencia que perder es a los ciudadanos, con la precampaña disfrazada de campaña con la que nos obsequian los políticos. El caso es que cada pérdida tiene una singularidad. En el caso del líder de BNG, cabe utilizar esa expresión tan en boga de que visualizará más o mucho más lo obvio, pero la preeminencia de la Unión do Povo Galego en el Bloque, en todo momento, ha resultado evidente, incluso con Beiras en el machito. Lo de arrumbar la mansedumbre y adoptar una posición más autónoma con respecto a Madrid, es algo que se le reclama a Touriño de antiguo, y el paso de ahora es tímido y más parece pactado que otra cosa. Aún le quedan muchos cursillos para ser de mayor, como parece que quiere ser, Paco Vázquez. Y lo de Fausto Fraga pactando su juventud virtual al menos hasta el 19-J, más allá de que sea resultado del consejo de un experto en márketing con mala puntería, parece una estupidez de él mismo o de quien lo aprobara. Aunque lo haga en un contexto social hipócrita donde muchos buscan lo mismo porque la arruga, ¡ay Adolfo Domínguez!, ha dejado de ser bella. Lo que debe procurar Fraga no es perder años, sino procurar que no se le extravíe la llave de ese Arca de Noé en el que parecen convertirse sus listas, donde no será fácil dar cabida a uno de cada especie de sus variopintas huestes.