Mañana, gresca

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

HAY QUE apuntarlo en la agenda. Miércoles tarde, gresca en el Congreso. Sus señorías, bien comidos, bien bebidos, bien fumados y bien reposados, se recrean un rato apoltronados en los escaños. Descalificando, humillando, retando, bociferando y pataleando. Así se pasan un par de horitas que les permiten hacer más llevadera la tarde de los miércoles. Y más divertida. Mañana, toca. Las pretendidas sesiones de control al Gobierno han dejado de ser sesiones para pasar a ser trifulcas. Por los continuos y desagradables enfrentamientos. Porque lo que los controladores quieren es gobernar. Y lo que quieren los que gobiernan es que no los controlen. Porque sus señorías, unos y otros, han adoptado el aporreo y el papaleo como forma habitual de expresión. Y porque el presidente de la Cámara, el tranquilo señor Marín, ha perdido la quietud y el sosiego, está a punto de perder los nervios, empieza a perder los papeles y atiza el fuego como si de un quinceañero abertxale de tratase. Que el gran promotor de la exitosa experiencia de Tierra Mítica, Eduardo Zaplana, no es el paradigma de la reflexión y la elegancia parlamentaria, lo sabemos todos. Como no lo es quien nos descubrió que existen varias hipótesis únicas, Ángel Acebes. Que Mariano se crispa hasta desencajarse cada vez que se enfrenta a Zapatero, es un hecho. Que la señora vicepresidenta no es el arquetipo de serenidad no parece muy discutible. Y que el inventor del talante y de la mojigatería, cuando se le calienta la boca echa sapos, tampoco. Así que este es el panorama. Desolador. Pero es el que tenemos. Sus señorías gustan de modales barriobajeros y lenguajes tabernarios. A sus señorías les entusiasma la bronca. De haber tenido la desdicha de conocerlos, el hidalgo Alonso Quijano habría dicho de ellos que son unos follones y unos malandrines.