Para ganarlas o...

| MANUEL MARLASCA |

OPINIÓN

22 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

HEMOS aprendido en veintiséis años de democracia que nadie adelanta elecciones para perderlas; o mejor, que quien tiene la potestad de convocar elecciones lo hace cuando más le conviene a él y menos a sus adversarios, cuando tiene perfectamente engrasada la maquinaria electoral y cuando cree que no la tienen a punto quienes le van a disputar la victoria, a los que pilla con el pie cambiado. Tan es así esto, que solamente hay un caso de elecciones adelantadas que perdió quien las convocó: las generales españolas del 28 octubre de 1982. Pero siempre estuve convencido de que, con ello, el entonces presidente Leopoldo Calvo-Sotelo le hizo un último servicio a este país. Porque, una vez consumada la entrada de España en la OTAN y condenados los golpistas del 23-F, la continuidad de un gobierno sostenido por un partido en liquidación como la Unión de Centro Democrático de entonces, al que su fundador, Adolfo Suárez, le disputaba el terreno al frente del Centro Democrático y Social, era prolongar su agonía; y porque la emergente democracia española, que tantas pruebas había pasado, necesitaba la definitiva del «algodón», la de la alternancia en el poder. Esto lo sabía Calvo-Sotelo, que disolvió las Cámaras y pactó con la Conferencia Episcopal el aplazamiento de la prevista visita del Papa Juan Pablo II para después de las elecciones, ante la seguridad de que era inevitable, como así ocurrió, la victoria socialista. No parece, desde luego, que sea un motivo ni siquiera parecido el que ha movido a Manuel Fraga a adelantar unas semanas el fin del curso parlamentario y cuatro meses las elecciones autonómicas. Aplíquese en el caso la opción «cuando más le conviene a él y menos a sus adversarios¿». No escribiré yo que el presidente de la Xunta ha pillado con el pie cambiado a PSdG y a BNG, pero este momento era el menos adecuado, reciente la crisis Beiras-Quintana en el Bloque y sin capacidad de reacción los socialistas ante la evidencia de los incumplimientos del famoso Plan Galicia, que es como llaman los gallegos a lo que les falta. Fraga no quema las naves con el adelanto electoral, sino que se da su quinta oportunidad, instado, aunque yo creo que más bien convencido por su partido, de que las elecciones se adelantan para ganarlas o porque cuanto más tarde en hacerlo, peor.