Ya tienen lo que buscaban

| JORGE DEL CORRAL |

OPINIÓN

22 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

BUENO, pues ya tienen lo que buscaban. Quienes se dedican desde hace meses a remover sedimentos ya han aflorado a los ultraderechistas que dormitaban en el carcaj de la historia; quienes se empeñan en cerrar heridas a navajazos ya las han abierto en canal para que se infecten, y desde los gabinetes de propaganda celebran su éxito mientras desde su fariseísmo condenan la «brutal agresión» y proclaman la intolerancia de los ultras que, al grito de «asesino» y «genocida», arrasan una librería mientras intentan agredir a Santiago Carrillo, víctima de una celada que hizo coincidir un merecido homenaje por su labor en la Transición con la retirada de la estatua ecuestre de Franco. La segunda sorpresa que algunos le anunciaron en la cena de homenaje no fue solo el desmontaje de la escultura del dictador, que sospecho que a Carrillo le tenía sin cuidado, fueron las maniobras de reanimación que se estaban practicando a la ultraderecha, sin importarles que con tan trasnochado revisionismo se reabran cuestiones que forman parte del pasado y que la sociedad española, incluido Carrillo y quienes con él estaban en el Partido Comunista de España (PCE) en 1978, quiso cerrar para siempre. A partir de ahora ¿necesitará escolta Carrillo para pasear por Madrid mientras fuma su impenitente cigarrillo rubio? De momento ya han aparecido pintadas amenazadoras cerca de su casa. Los hechos terribles que ocurrieron en España desde 1935 y hasta bien entrado el ecuador del siglo pasado deben ser objeto de un restablecimiento simbólico y unitario de la dignidad de todas las víctimas, y objeto de estudio de los historiadores, pero no arma de agitación de la vida política. Es posible, como decía un editorial, que los agresores de Carrillo no hayan leído el libro de Santos Juliá Historias de las dos Españas que ese día se presentaba con la asistencia del ex secretario general del PCE, y más concretamente el capítulo sobre la importancia de la idea de reconciliación entre las dos Españas como fundamento esencial de la España constitucional actual. Es seguro que esa idea, asumida por Carrillo y su partido en los sesenta y que la izquierda y los reformistas del régimen hicieron suya en la transición, no es compartida por la ultraderecha, pero también es posible y hasta seguro que hay más de uno en la extrema izquierda y entre dirigentes independentistas que tampoco la comparten y que ahora ven la oportunidad de pasar la garlopa para excitar a la fiera. Si no, a qué viene esa permanente búsqueda de la crispación, ese afán por crear problemas donde no los hay y abrir debates que hurgan torpemente en un pasado que los ciudadanos clausuraron hace 25 años para centrarse en la construcción de un país democrático, moderno, desarrollado, rico, tolerante y solidario, que busca respeto entre los grandes.