TOURIÑO es la esperanza blanca de la inmensa mayoría de los que, esta vez sí, creen posible la alternancia. Pero esa condición no es como las condecoraciones pensionadas, que duran toda la vida, o el tratamiento de los senadores, que se mantiene hasta para la esquela. O el candidato socialista a la Xunta hace méritos diarios para merecer tal título o puede ser considerado, sin más, otro sparring en la carrera de ese peso pesado que, con todas sus defectos y algunas virtudes, o sea como todos, es Manuel Fraga. Ya que los políticos habían convertido la campaña electoral en un circo y ahora en un zoo, es bueno que, de puertas adentro, Pérez Touriño tome en consideración el consejo de Paco Vázquez, correligionario y sin embargo no parece que demasiado amigo, que aconseja no vender la piel del oso antes de cazarlo. Y que no tenga menos en cuenta la advertencia del propio Fraga de que ha liquidado un corzo a 350 metros, lo que puede ser una baladronada o un aviso sobre lo peligroso que todavía resulta en la distancia corta. Incluso que no olvide la bravuconada de Anxo Quintana, que dice que el presidente al convocar ha despertado el león que el BNG tiene dentro, cuando parece evidente que el rey de la selva de esa formación está al menos con un pie en la calle. El candidato Touriño, en definitiva, tiene un largo camino para recorrer y poco tiempo para andarlo. No puede dar al menos tres versiones diferentes sobre un mismo tema, como pareció ocurrir con el Estatuto. No debe producir la impresión a los periodistas de que predica Galicia adelante, como novedades, obras que ya están en el proceso administrativo de ejecución. Pero por encima de todo, el profesor universitario ha de tener el rigor del que carece su correligionario José Blanco al dar como algo ineluctable que el PSdG vaya a superar en votos al PP en Galicia. Es evidente que el lucense es un político de peso, no lo es menos que mueve bien su partido, ¡pero de ahí a que controle también los tsunamis!