Carrillo

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA

18 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

SIN QUERERLO, los amigos le están complicando la vida a Santiago Carrillo a sus 90 años. La ocurrencia de homenajearlo por sorpresa la misma noche en que se retiraba la última estatua de Franco en Madrid, lo ha colocado en la diana de unos falangistas radicales que ven en él al mismísimo diablo. Lo tenían casi olvidado, pero el episodio parece que se lo ha hecho recordar. Y el pasado sábado intentaron agredirlo, en lo que según las autoridades fue «un ataque organizado», cuando acudía a un debate sobre un libro que paradójicamente se titulaba Historias de las dos Españas . El episodio es lamentable, tanto por lo que fue como por lo que significa. Se puede tener el juicio que se quiera sobre el ex secretario general del PCE, pero no se pueden cuestionar sus derechos y libertades en la sociedad democrática en que vivimos. Esto de ningún modo. En cambio, sí se plantean dudas sobre la conveniencia de andar corrigiendo siempre el pasado. Los golpes que iban dirigidos a Carrillo los recibieron los acompañantes que lo protegieron. Pero esos golpes reprobables iban dirigidos a otras personas que no estaban en la presentación del libro sino en despachos oficiales tomando decisiones quizá prescindibles o poco oportunas. Carrillo sólo pasaba por allí.