ENVIDIABLE condición la de los vascos que ya tenían decidido su voto antes de que empezase la campaña electoral que hoy termina. Los que hayan esperado a escuchar a los candidatos para pronunciarse lo tendrán mucho más difícil el domingo. Porque los mensajes de los partidos en campaña, más allá de su aparente claridad en algunas reiteraciones superficiales, se han convertido en verdaderos acertijos o jeroglíficos sobre las cuestiones de un fondo en verdad insondable, imposible de dilucidar. El lendakari Ibarretxe repite todos los días su cantinela de que no aceptará de Madrid un no-sin-negociación y que el mismo día 18 llamará a Zapatero para iniciar conversaciones de Gobierno a Gobierno. Pero, paradójicamente, no habla de su plan, ni lo explica, ni señala cuáles son sus límites (¿qué es negociable y qué no?), ni dice cómo lo sacará adelante, ni cuándo lo hará... Alude a una «consulta» y habla de negociar con el Gobierno central y con los partidos de Euskadi (incluida Batasuna), pero no explica por qué esto último no lo ha hecho antes de lanzarse a la aprobación parlamentaria de su plan, dividiendo brutalmente a la sociedad vasca. Lo único que está claro es que seguirá empujando la carreta en la dirección soberanista, sin más aclaraciones. Patxi López, al frente de los socialistas, ha buscado con denuedo una posición capaz de hacerle frente a los nacionalistas, pero sus pronunciamientos son lo bastante imprecisos como para compartir enigmas y sombras con las exposiciones nacionalistas. El líder del PSE busca beneficiarse del voto que le dio la victoria a Zapatero el 14-M, y el propio presidente del Gobierno ha lanzado su órdago con un renovado Estatuto y un referéndum que también necesitaría de aclaraciones. María San Gil, la candidata popular, ha mantenido un discurso inteligible y firme, pero limitado al caso de que los constitucionalistas logren más votos que los nacionalistas. ¿Qué tienen en común todos? La búsqueda de la centralidad. PNV-EA, entre batasunos y constitucionalistas. PSE, entre nacionalistas y populares. PP, entre soberanistas y «quienes se pliegan a sus caprichos». Etcétera. Una campaña sin las cartas a la vista. Objetivo cumplido.