No hay equivocación

|YASHMINA SHAWK|

OPINIÓN

SE HAN equivocado. La información obtenida por el aparato de espionaje internacional más potente del mundo no era correcta. ¡Y nos lo dicen ahora que han transcurrido más de dos años desde la invasión de Irak! ¡Como si los millones de personas que nos echamos a la calle para manifestar de forma pública y pacífica que invadir Irak no estaba justificado y provocaría un desastre, no lo supiéramos de antemano! Ante la irrefutable demostración del error, por no llamarlo intencionada desvirtuación de la verdad, Bush sólo se atreve a argumentar que Irak es un lugar mejor sin Sadam. ¡Por supuesto! ¡No hay que ser muy listo para determinar que una población sometida a una dictadura sangrienta está mucho mejor liberada del yugo opresor! Sin embargo, pese a que ha desaparecido el tirano, Irak sigue sumido en el caos. ¿Cómo debemos reaccionar? ¿Acaso basta con amonestar verbalmente a Bush e instarle a que no lo vuelva a hacer? El precio pagado en muertes inocentes ha sido demasiado alto y el resultado, demasiado inconsistente como para perdonar y olvidar. Este desastre pudo haberse evitado si se hubiera aprovechado el momento adecuado para derrocar a Sadam, es decir, durante la Guerra del Golfo, en 1991. Bush padre, en lugar de continuar su marcha a la capital iraquí y obligar al dictador de Baghdad a dejar el poder, se batió en retirada, permitiendo que los chiís del sur y los kurdos del norte sufrieran la más cruel de las represalias por confiar en el apoyo norteamericano y levantarse contra él. Por no mencionar los largos doce años de embargo internacional que, a continuación, depauperaron a una de las sociedades más ricas, prósperas y avanzadas de Oriente Próximo. La invasión de 2003 no puede entenderse sólo como una cuestión personal de Bush hijo contra Sadam. La falaz e insostenible justificación en el peligro que éste representaba por la fabricación de armas de destrucción masiva y por su apoyo a los terroristas islámicos, y la casi exclusiva concentración de esfuerzos por poner en marcha la industria petrolífera, nos conducen al verdadero motivo: una simple cuestión de dinero. Y esa sí que no es una equivocación.