CON LO QUE está cayendo, un Gobierno autonómico vasco al borde de la rebelión abierta contra el estado de derecho y la mayor parte de la oligarquía política catalana a rebufo separatista para proteger sus tres por cientos, se ha levantado otra buena polémica sobre un documental de la FAES acerca de los luctuosos acontecimientos de marzo del año pasado. Dentro de la estrategia progubernamental de crear un partido de extrema derecha diferente del PNV o los nacionalistas catalanes, se ha aprovechado para tratar de hurgar la herida de las desavenencias reales o supuestas en la dirección del PP entre sus más importantes dirigentes del pasado y del presente. Y es que el PP se encuentra probablemente en una encrucijada difícil pues tiene un dilema entre el aspecto moral de búsqueda de la verdad y el de conveniencia política y social en un pueblo difícil como es el español, con una preocupante querencia al ¡vivan las caenas! Decía Platón que era preferible «padecer pacientemente la injusticia que inflingírsela a otros». Es lamentable que el atentado político del 11-M, además de las víctimas que lo padecieron terriblemente en sus propias carnes, se haya llevado por delante toda una importantísima obra política, quizás una de las últimas oportunidades que le quedaban a España de ser un país más justo y serio, próspero, respetado e importante. Si con el asesinato de Kennedy se acabó su renovación, en cambio, con el de Lincoln no se terminó con su ejemplo de amor a la libertad y su defensa de la unidad nacional frente a la sedición sudista como instrumento para preservar esa libertad política. La grandeza política de Aznar al retirarse voluntariamente del poder, cosa más propia de la tradición anglosajona que de la nuestra, no debe obviar una reflexión sobre los errores del Camelot de Génova. Y es que para el verdadero liberalismo nunca la propaganda puede suplir la educación y formación del pueblo en el ejercicio de la libertad.