NOS SECAMOS. En setenta años, Pontevedra tendrá el mismo clima que hoy en día Valencia. Carballos, hayas y castaños dejarán de existir. El norte ibérico será un gran palmeral. ¿Y el sur? Un desierto. ¿Asusta? Pues sí. Su temor crecerá cuando sepa que mientras usted se lava las manos un tercio de la población mundial no tiene acceso al agua. Que mientras usted tira de la cadena hay millones de personas que no pueden consumir ni el contenido de su cisterna. Que mientras usted se preocupa por el último virus informático la primera causa de muerte en el mundo es beber agua en malas condiciones. Cuando era niño escuché en la tele a un tipo muy sesudo decir que la tercera guerra mundial tendrá su causa en el acceso al agua. Mientras no se entere Bush no hay problema. Él sigue creyendo que es el petróleo lo que mueve el mundo. Pero no, es el agua. No basta con lamentarse y asentir cuando lee cosas como este artículo. No, señor. No, señora. Hay que mojarse. Debemos ahorrar. Piense en ello cada vez que se duche. Cada vez que se lave las manos. Cada vez que se limpie los dientes. Cada vez que haga menores o mayores. Cada vez que friegue los cacharros. ¿Sabía que el 20% del agua canalizada se pierde antes de llegar a su destino debido al mal estado de las tuberías? El 20 por ciento. Qué pasada. Hay margen para el ahorro. Para mentalizarse, cada vez que entre en el baño pruebe a pensar en los millones de niños con los vientres hinchados por los parásitos del agua.