HAY muchas maneras de gobernar. Por ejemplo, mirando hacia adelante y hacia todos, provocando ilusión en la ciudadanía con proyectos comunes que unen e ilusionan, solucionando problemas y haciendo crecer a las personas y a los pueblos, mirando más por ellos que por uno mismo, equivocándose y rectificando, queriendo. Pero existen también modelos más fáciles y tentadores. Uno de ellos consiste en la administración de miedos, a veces falsos, cocinados en el propio gobierno. Se le achacó esto a Bush. En el mismo capítulo se podría incluir la gestión de rencores. Se trata, en el fondo, de despertar los dormidos o incluso de inspirar otros nuevos: remexer en la parte baja de los instintos. Todo ese lenguaje guerracivilista y la revisión acientífica y meramente política de nuestra historia reciente tiene un fin que no es, como algunos pretenden, ocultar la mediocridad del gobierno, sino fomentar el rencor por ver si consiguen sacar de la nada una extrema derecha que, piensan, tanto les beneficiaría. ¿Y a España? ¿Y a usted? Esto, parece, les importa menos, mucho menos, que lograr una distancia con el PP que no termina de producirse. Ni siquiera después de haber aniquilado casi a IU. psanchez@udc.es