EL REGENTE es, claro está, el presidente de la Generalidad de Cataluña, que lleva camino de convertirse en el hombre de la década. Y La Regenta la protagonista de la inmortal novela de Clarín: el personaje femenino de mayor fuerza moral de la literatura en lengua castellana. La pregunta que ustedes se estarán haciendo es, obviamente, la de qué pueden tener que ver Pasqual Maragall y Anita Ozores. Ahora verán. Ana Ozores contrae un día matrimonio sin estar enamorada de quien se convierte en su marido -de hecho sin conocer el amor mismo en tanto que locura que arrebata los sentidos- como único medio de huir de la casa de sus tías, quintaesencia de la ñoñería clasista y reaccionaria de la España provinciana de finales del siglo XIX. Anita, hambrienta de amor, se casa sin conocer el amor para salir de su prisión y Clarín, su creador, anota compasivo: «Todo había concluido... sin haber empezado». Y ahí entran, por supuesto, Maragall y la que, bajo su regencia, se suponía que iba a ser la experiencia más creativa de gobierno de la reciente historia de España en democracia: una izquierda de nuevo cuño, un catalanismo diferente, una relación transparente entre política y sociedad, un liderazgo distinto a todos los experimentados hasta ahora, una relación entre Gobierno y oposición marcada por un talante desconocido para todos. Sí, la regencia de Maragall, que se presentó bajo las luces de neón de todo estreno que se precie, iba a enseñarnos como hacían política los hombres más modernos de España en la región más avanzada del país. Pues ha sido que no. Ha bastado con que se produjera un terremoto artificial, el del Carmelo, para que la artificiosidad misma de aquel supuesto experimento catalán se quedará por completo al descubierto. También aquí podemos anotar, como Clarín en La Regenta , que todo ha concluido... sin haber empezado. El nuevo catalanismo es lo de siempre: el nacionalismo acomplejado de quienes han de sobreactuar el suyo para que los nacionalistas de verdad les dejen entrar en el club en el que tienen reservado el derecho de admisión. La izquierda de nuevo cuño se ha reducido, de momento, a la incapacidad para administrar con eficiencia una sociedad compleja y exigente, mientras que la transparencia entre política y sociedad naufragó de forma estrepitosa el día que la Generalidad creyó ser la Agencia Tass . En cuanto al nuevo talante y al nuevo liderazgo, pues ya lo ven: Maragall ha conseguido ser el único gobernante que recién cumplido un año en el poder debe hacer frente de forma simultánea a una moción de censura y a una querella por calumnias. Si esto es lo nuevo, que Dios, como a Anita Ozores, nos coja confesados.