Gitanos

| RAMÓN PERNAS |

OPINIÓN

JUAN de Dios Ramírez Heredia, que es un gitano ilustrado y señorito, presentó la Constitución Europea en su versión romanó, que es el idioma del pueblo gitano, lengua que hablan los cíngaros centroeuropeos, pero que es poco conocida entre los gitanos españoles que se expresan en una variedad dialectal, el caló. La nación gitana se extiende por toda Europa, el censo varía en el recuento que oscila entre los seis y ocho millones de personas, en su mayoría nómadas y viajeros. En España no alcanzan el millon de habitantes que viven esencialmente en el sur de la peninsula. Hace pocos días recordé, con motivo del aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auswicht, a los miles de gitanos gaseados por el Tercer Reich, y en su memoria dibujé virtualmente la bandera de los hombres libres, la rueda, símbolo universal de la nación gitana, y a caballo de mi pensamiento viajé con las tribus nómadas que peregrinaban a Santiago como representantes de la nobleza gitana y regresaban de Jerusalén o de Roma, como palmeros y romeros, antes de que los católicos Reyes de España firmaran la expulsión de los gitanos de todos sus territorios. Regresaban con la primavera con un cortejo de osos adiestrados, vestían con todos los colores que pintaba el arco iris, leían el futuro en las manos y adivinaban la suerte y la vida buscando en las cartas las señales del destino. Hacían sonar calderos de cobre para anunciar su oficio de lañadores de menajes coquinarios, viajaban como las garzas o las cigüeñas del cálido marzo al suave octubre, y desaparecían con el invierno, y yo pensaba que se iban a vivir a las faldas de los Cárpatos, que para mí era un país donde los cíngaros instalaban sus campamentos de invierno. Y algo de eso debía de haber, pues pasaron los años y tuve noticia de que Rumanía es un estado de mayoría gitana. Nuestros gitanos eran más bien canasteros, trabajaban el mimbre y tejían hermosos cestos que vendían por los pueblos puerta a puerta, gente alegre y cantarina, amante de la limpieza; acampaban en las afueras de los pueblos cuando todavía viajaban en carretas multicolores. El pueblo gitano ama a todos los animales de la creación, y es capaz de interpretar sus lenguajes. Son domadores de caballos, que es el animal totémico del país cíngaro, integraron los espectáculos itinerantes que durante siglos viajaron, y aún viajan, por Europa. La historia del circo europeo es también la historia de la nación gitana. La nueva Europa política que nace con la Constitución Europea tuvo memoria de la cultura gitana y editó una versión constitucional en su idioma, en el romanó, que mal entienden los gitanos españoles que el domingo ejercieron su derecho electoral para que nunca más haya campos de exterminio en este europeo país de países, por donde seguirán viajando como ciudadanos de pleno derecho. Nuestros gitanos se volvieron sedentarios y el nomadismo de antaño es la integración de hoy, los oficios de ayer son sólo un recuerdo, y se han vuelto comerciantes, llenando de puestos móviles todos los mercadillos de los pueblos. Debe ser el signo de los tiempos, pero yo sé que esta primavera cercana, como todas las primaveras, han de volver los cíngaros caldederos pregonando con su melodía de cobre el misterio dorado de abril. Estoy seguro.