LA NOTICIA me cogió en Lugo, y me causó un extraordinario impacto. La Torre Windsor, consumida por las llamas, está a unos doscientos metros de mi casa en Madrid, y quizá por ello anoche no pude evitar acercarme a ver su estampa fúnebre, fantasmal, burilada por el fuego. Un humo blanco salía todavía de su estructura, al parecer porque se había avivado algún foco, y mucha gente miraba con pasmo lo que quedaba de uno de los rascacielos más emblemáticos de Madrid, ubicado en la zona de Azca, el corazón financiero de la ciudad. Situado al lado de una de las grandes sedes de El Corte Inglés, en donde se encuentran las calles de Orense y Raimundo Fernández Villaverde, el edificio Windsor era una torre de oficinas cuya entrada se convertía, sobre todo por las mañanas, en un hervidero de personas. Anoche era el esqueleto en pie de un símbolo, y su silueta negra recordaba, al decir de un testigo que estaba a mi lado, una mazorca de maíz sin grano. Otras personas decían que les traía el recuerdo de las Torres Gemelas de Nueva York. Algo había en común, aunque sólo sea lo de tratarse de rascacielos o colosos en llamas. Las preguntas que todos nos hacíamos eran una larga letanía, y también un lamento. ¿Cómo pudo arder entero, de arriba abajo? ¿Cómo pudo estar en llamas tanto tiempo? Veintiuna horas después del comienzo, el incendio se daba por extinguido, pero el humo blanco que veíamos daba la idea de que algún rebrote era posible, como se decía que estaba ocurriendo en torno a las nueve de la noche. ¿Se vendrá abajo lo que queda? Los arquitectos parecen convencidos de que, si el edificio no se ha colapsado todavía, ya no lo hará. Los bomberos son menos optimistas. La respuesta la tendremos en horas. En cualquier caso, todo parece indicar que la torre ha quedado inservible y que deberá ser demolida. Las calles de los alrededores seguían cortadas anoche, y sólo era posible acercarse a pie. Miré con tristeza aquella negrura bajo un cielo estrellado. Hoy por la mañana mi barrio no me parecerá lo mismo, ni tendrá la misma vida. Le han amputado un hermoso rascacielos. Por fortuna, sin víctimas humanas.