Medir las palabras

PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS

OPINIÓN

«SCEPTRE», si mi diccionario no miente, significa cetro, lo que, precedido de las siglas HMS, vendría a parangonar las averías que sufre la Corona británica, difícilmente reparables en los astilleros de Gibraltar. Antes llegó aquel Incansable que trajo de cabeza al Gobierno Aznar e hizo soltar bravatas a alguno de los ministros socialistas actuales, que ahora no saben cómo salir del embrollo submarino. Como la historia, la política se empeña en hacerse cíclica y pasar factura a quien no midió a tiempo sus palabras. Azorín no era quizá un genio de la política o de los «consejos al Príncipe», pero dejó escritas frases como estas: conozca el político sus fuerzas y hasta dónde debe empeñarlas... así podrá darse «el supremo placer, el supremo y aristocrático espectáculo de jugar con el adversario, de tener piedad y generosidad con él -que es la más grande humillación-, de hacer ver que se le puede destrozar y no se le destroza, de mostrar, en fin, la fuerza contenida».