El valor de votar

OPINIÓN

SI SE CONFIRMA la alta participación de la que se informó en las elecciones iraquíes, habrá que extraer unas conclusiones muy positivas de un proceso sencillamente endiablado. Y habrá que concluir, una vez más, que la gente le tiene apego a eso de expresarse como ciudadanos cuando le dan la menor oportunidad, aunque sea bajo las amenazas de grupos terroristas del renombre de Al Qaida. Los iraquíes han tenido el valor de votar jugándose de la vida y, en efecto, algunos la perdieron en el intento. Pero el hecho de que sólo haya habido 31 colegios electorales que no han podido abrir, de los 5.232 existentes, lo dice casi todo. Si es verdad, como escribió Ruskin, que el mejor destino que le puede tocar al ser humano es alcanzar la libertad mereciéndola, los iraquíes quizá han dado ayer un gran paso. Todavía no se puede predecir con garantía de acierto lo que va a ocurrir en Irak. Estábamos y seguimos en una «guerra americana» (como le gusta decir a algunos) en un país trufado de problemas internos: la mayoría chií que será mayoría en la Asamblea Nacional, la autonomía kurda que se consolida, el desentendimiento suní (traducido en abstención) que no augura nada bueno si no se corrige, y, por supuesto, la continuación del terrorismo de Al Zarqaui y demás dinamiteros. Pero ni siquiera estos últimos podrán dejar de tener en cuenta la nueva realidad, ésa que intentaron impedir con toda clase de amenazas y derramamiento de sangre. Los iraquíes no han elegido ser ocupados por EE.?UU., pero sí que han demostrado su voluntad de alcanzar la normalidad, a poder ser democrática. Bush puede darse con un canto en los dientes, porque esa actitud ciudadana va a hacer más por librarlo del pantano en que se metió que todas sus sofisticadas armas. Al final, resulta que el ser humano acaba teniendo siempre la palabra, para la miseria y para la grandeza. Y votar ayer fue algo grande. Nunca debió ocurrir esta guerra. No hay un argumento que la justifique. Pero lo que es seguro es que cambiará los equilibrios en la zona. Y puede cambiarlos a mejor o a peor. Esta es la gran incógnita. Por eso es tan importante no malograr lo de ayer.