Volver a empezar

OPINIÓN

27 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

EL LENDAKARI Ibarretxe no para de preguntarse en público, como si estuviese en verdad escandalizado, por qué los demás (léase PSOE y PP) se niegan a negociar con él (quiere decir con el País Vasco) su maravilloso plan-oportunidad. Si él tiende la mano al diálogo e insiste en que «no la vamos a dejar de tener tendida», ¿por qué los demás no hacen lo mismo y dejan a un lado tanta negativa a sus peticiones? ¿Se ha visto acaso una disposición más abierta que la suya en los anales democráticos de esa España a la que él quiere asociarse como sea y para lo cual necesita tener antes la opción de separarse? ¿Dónde está el fallo de su argumentación? ¿Qué parte no se entiende? Llama la atención que el nacionalismo vasco haya llegado a tal desvirtuación de la palabra negociar. Y causa asombro que el diálogo que proponen (para «construir la historia») prescinda por completo del marco legal, constitucional y estatutario, en el que se sustentan las propias instituciones que ellos controlan y desde las que avalan e impulsan el plan secesionista. Llegados a este punto, hay que sospechar que tiene razón al líder socialista vasco Patxi López cuando afirma que el Plan Ibarretxe no fue nunca un proyecto pensado para el diálogo y el acuerdo. La falta de negociaciones en el País Vasco, en donde el lendakari ha dicho que no a toda propuesta distinta a la suya, prueba fehacientemente esta realidad. Ibarretxe le ha pedido al presidente del Gobierno una negociación que él nunca ha estado dispuesto a mantener con las fuerzas políticas vascas no nacionalistas, que representan casi la mitad de los votos de Euskadi. ¿A dónde llegamos? El lendakari puede adelantar las elecciones, pero no rasgarse las vestiduras porque no está ocurriendo nada que él no supiera y esperara. Su plan no cabe en la Constitución, y la negociación que plantea, tampoco. No debería extrañarle que, a partir de ahora, se abran otras posibilidades con las que no contaba. Porque diálogos los está habiendo, a muchas bandas, y también con los suyos. Pero ninguno de ellos es la negociación que él quiere: la negociación de su plan, aprobado por el Parlamento vasco... Es la larga marcha hacia el punto de partida.