LOS LAMENTABLES incidentes acaecidos durante la manifestación de las Víctimas del Terrorismo en Madrid parecen indicar que el Gobierno socialista no ha tenido en cuenta el viejo refrán de que «donde las dan las toman». El intento de agresión contra el demagogo Bono parece un simple hecho aislado propio de exaltados o de provocadores mercenarios, aunque quizás los abucheos puedan significar que está empezando a emerger, mal encauzado, el disgusto de buena parte de la ciudadanía por los despropósitos del Gobierno. Ojalá que, a diferencia de los casos anteriores en los que los agredidos eran el Gobierno de Aznar o el PP y sus sedes, los responsables sean identificados. Pero se debe pedir al Gobierno una neutralidad que no ha demostrado hasta ahora. Las víctimas del terrorismo etarra no deberían ser unas piezas a sacrificar para lograr un hipotético jaque al nacionalismo vasco en las próximas elecciones. Ya mal asunto es esa división artificial entre unas y otras víctimas. Y el ninguneo por parte de los Peces Barba / Manjón de los que se resisten, la demagogia con el crimen del 11-M, con el cerrojazo que se pretende dar ahora a su investigación parlamentaria sin valorar la trama asturiana, la escandalosa condecoración a gentes cuya intervención de un modo u otro en la masacre del 11-M se sospecha, tanto considerar como de segunda a los que no comparten las retroprogresías gubernamentales, las continuas renuncias a la dignidad para contentar a los autodeclarados enemigos de España que, precisamente, son socios de ZP, o tanto sectarismo, pueden explicar el malestar general y terminar estallándonos a todos y retrotrayéndonos a la inestabilidad de mediados de los setenta. Pero hay que pedir paciencia a la ciudadanía. No hay mal que cien años dure. Y a los que quieran protestar contra el Gobierno, la soberbia y ambición de ZP les ha dado una buena oportunidad el 20-F: votar «no» en su plebiscito.