La foto del bautista

EDUARDO CHAMORRO

OPINIÓN

HAY IMÁGENES que valen más que mil palabras. La cuestión es: ¿para qué valen? La elocuencia de una imagen, ¿sirve para llevar su convicción más allá del contexto en el que se produce? ¿Aclara ese contexto y disipa las dudas que suscita? ¿Alcanza una persuasión superior a la del discurso que pusiera las cosas en su sitio? Vayamos a un ejemplo procedente de ese aquí y ahora que es el contexto más inmediato y comprometido de la vida. Frente a la pirotecnia verbal que tanto alegró la espectacularidad del BNG con Beiras de portavoz, la clausura del congreso de la UPG ha producido una imagen cuya resonancia en el contexto gallego está fuera de toda duda. Ahí está, ahí lo tienen, pasen y vean al presidente de la UPG, Bautista Álvarez, tocado con una kefia palestina puesta, por cierto, con tanta gracia como si le hubieran echado encima el paño de un nazareno. No es una instantánea hecha porque alguien pasó por allí y lo pilló en un traspiés. Es una imagen producida, cabe suponer, a partir de una consideración seria y cabal de lo que la imagen quiere decir, esto es, del alcance de su significado. Pensar otra cosa vendría a ser desdoro de sus responsables y menosprecio de su inteligencia; y yo no voy por ahí. Una interpretación corta de la foto con la kefia podría ser que Álvarez quería llevar a nuestro conocimiento su decisión de ponerse al mundo por montera, sin estar por ello dispuesto a recurrir a algo tan frívolo y poco serio como le debe de parecer el tocado taurino. Hay otra interpretación más larga y más a la altura de las circunstancias, que extraería de esa foto el deseo de aclarar decisivamente las distancias bilaterales que separan a Álvarez de los de la boina y de los del birrete. Es una interpretación que ha debido de dejar temblando a la Xunta por lo que tiene de demoledora para el PP no ya gallego sino del uno al otro confín. Eso es así y sin que acabe ahí la cosa, pues el alcance de un significado tan rotundo alcanza su plenitud como reproche al PSdeG por no llevar en la cabeza otra cosa que el tupé. De modo que, en efecto, una imagen vale más que mil palabras, y lo vale para aclarar ciertas cosas. Eso no significa que las palabras dejen de tener su importancia, como sabe bien Paco Rodríguez, que es filólogo y de Ferrol, y a cuyo cargo estuvo aclarar otras distancias, más íntimas, como hizo al dirigirse al portavoz del BNG para decirle que «a UPG é unha organización humana». Eso estuvo muy bien, pues hay cosas que si no se dicen corren el riesgo de incurrir en falta de modestia y sobredosis de altanería. Pero es que, además, había que decirlo frente a quienes acusan por allí a la UPG de organización sobrehumana, y por allá, de infrahumana. Una vez dicho lo dicho, sólo queda profundizar hasta el «humano, demasiado humano» de Nietzsche, y esa es una tarea para la que Paco Rodríguez es el líder adecuado.