Atufados y pagando

JUANCHO MARTÍNEZ

OPINIÓN

AMANECE un día luminoso, tras dos de temporal. Pero en la costa de Bens, entre A Coruña y Arteixo, no son reflejos del sol lo que amarillea las calas: es un vertido de azufre -el subproducto que caracteriza al demonio y la pintura que descubre la boca del infierno- procedente de la refinería de Repsol. Está bien que la petrolera haya contribuido al desarrollo del área urbana y al empleo de sus habitantes, pero eso no justifica tantos costes y tantos riesgos; a los ciudadanos no nos obligan agradecimientos eternos, como parece que sí le ocurre a nuestras sumisas autoridades, siempre propensas a cuadrarse ante las obras de más de tres pisos y las parcelas industriales mayores que un campo de fútbol, por mucho que tapen, estorben, huelan o contaminen. Y no nos obligan porque no hay reciprocidad. Si pagáramos menos que otros por la gasolina, tal vez creeríamos compensados estos sufrimientos. Pero, curiosamente, pagamos más.