ME parece que hablamos el primer día de clase. O al menos le recuerdo desde ese momento. Empezábamos los estudios de Periodismo en la Universidad de Navarra. Su fisonomía era inconfundible y transitaba desde el principio como si aquella aula, o quizá la universidad toda, le perteneciera. Le recuerdo moviéndose de grupo en grupo, saludando a unos y a otros, presentándose. Pero su identidad se hizo más fuerte a medida que avanzaban los cursos y la transición política tensaba los pareceres de aquella promoción de estudiantes. Tomaba la palabra en las asambleas, era decidido y, a veces, contundente. Nunca pertenecí a su grupo de amigos, pero nos llevábamos. Coincidíamos a menudo en los últimos bancos de la clase, aunque raramente fuera. La última vez que hablamos todavía estábamos en quinto curso. Iba con mi padre y mi hermana por la Plaza del Castillo y se acercó, sonriente, a saludar. Luego se hizo famoso por su lucha audaz y descarada contra el miedo. No sé si no lo tenía o se lo tragaba por todos nosotros. El 23 de enero, hace diez años, estaba en cama con gripe y me llamaron de la Ser.. Habían matado a Gregorio Ordóñez de un tiro en la nunca. psanchez@udc.es