Urnas en Palestina

JOSÉ JAVALOYES

OPINIÓN

POR EL CAMINO de las urnas, para la paz y el Estado prometido a los palestinos, Abu Mazen prefería callar en Jerusalén. En las elecciones presidenciales que se celebron ayer, el candidato a la presidencia de la Autoridad Nacional Palestina optó por el silencio. Mudo en Jerusalén, ciego en Gaza, el presidente de la OLP, ex primer ministro y sucesor de Arafat en la jefatura de ésta, tiene ante sí una nación escindida. A un lado están, como testigos del gran cambio en el Próximo y en el Medio Oriente, los islamistas de la dinamita y el cohete; en el otro, el muy residual nacionalismo árabe, cuyos adeptos siguen a Abu Mazen como siguieron al Rais desaparecido. Los islamistas, que vencieron en las urnas municipales, le han hecho el boicot en la campaña para las presidenciales de ayer. Su cohetería artesanal sólo ha servido para convocar la desmesura de la respuesta israelí: las muertes de ritual y el Talión de tercer grado. No ha valido ni para detener las elecciones ni para bloquear el acceso al proceso de paz por la llamada Hoja de Ruta. Ésta es la gran cuestión de fondo. El islamismo no quiere la paz sino la Yihad, la Guerra Santa, contra Israel y el Occidente variablemente cristiano. En la economía de los resultados, los islamistas de Hamás y sus adláteres en el radicalismo sólo necesitan el fragmentado poder municipal para sostener el hostigamiento a Israel: ese fuego del conflicto en el que se cuece la conciencia del rechazo a todo cuanto atribuyen al Estado judío. No quieren los islamistas que las urnas sean para Palestina peldaño de acceso al Estado. Ni tampoco desean éste, buscado por los nacionalistas como instrumento de salvación colectiva. La meta de los «yihadistas» no es otra que la causa del Islam, como conjunto superior en el que el nacionalismo nada tiene que decir. Al cabo es algo de Occidente. Se lo cobrarán caro a Abu Mazen, su enemigo en ascenso que prefirió callarse en Jerusalén.