El presidente impasible

PEDRO ARIAS VEIRA

OPINIÓN

NO ACABA de saberse cómo se formó, que es lo que ha mamado de la Historia, ni dónde radican sus referentes de grandeza y dignidad. Se desconoce si comparte la máxima de Weber de que todo Estado democrático se asienta en la disposición del monopolio legítimo de la fuerza. Siempre al servicio de la ley, garante en última instancia de la Constitución. De Zapatero inquieta una presentida debilidad, cierta indefinición política a la espera a los oráculos demoscópicos. Confía combatir al terrorismo y al separatismo con los votos particularistas; cuando él mismo es hijo de una exitosa conjura terrorista y ostenta el cargo sostenido por los independentistas. Va a piñón fijo, siempre talante coloquial, sonrisa frente a las tortas y prioridad diplomática para los rupturistas. Ante el desguace de España se pone a jugar a los dados. Otea el calendario y reproduce el cuento de la lechera. En febrero se rechazará el Plan Ibarretxe en el Congreso, triunfo de la mayoría de los diputados españoles contra la mayoría de los diputados vascos. Empate político, cada mayoría gana en casa. Mas Zapatero cree que eso convencerá al cuerpo electoral vasco para que cambie su voto y se pase al constitucionalismo español. Supone que el PNV, EA, ETA y su brazo político, se quedarán anonadados y desautorizados. Que desaparecerán sus resortes de poder y coacción, y que no introducirán la distorsión legitimante del referéndum ante las urnas. Zapatero se mantiene impasible deslizando al país por el filo de la navaja. No recurre el Plan Ibarretxe al Constitucional; él es la ley; su partido, la encarnación organizada de la Constitución. Tampoco convoca la Conferencia de Presidentes, esa plataforma está para fotos de familia; mero confeti electoralista. Pero los secesionistas del norte le han cogido el tranganillo, han calado su debilidad. Disparan primero y esperan talante después, nunca la firmeza disuasoria del Estado. También presionará el independentismo catalán. Pero él sonríe, departe y recibe. Después votará con los suyos y los españolistas previsibles, los que nunca han cambiado de parecer en la cuestión de España. Él no los quiere, son el obstáculo a sus planes de permanencia en el poder. Antes una España rota que una España con el PP. Está tan obsesionado con destruirlo que soslaya el alcance de la determinación nacionalista. Un mero rechazo político del Congreso puede ser un bumerán para la mayoría unionista. Ibarretxe invertirá la votación y la utilizará como arma plebiscitaria propia: «Los extranjeros, los españoles, los envidiosos de los vascos, nos niegan el derecho a la libertad, a las señas de identidad. Es nuestro turno, hablemos nosotros ahora, demostremos que somos diferentes, gobernémonos a nosotros mismos». Entonces Zapatero tendrá que salir de su impasibilidad. Quizás sea demasiado tarde. Otros pagarán sus errores, las víctimas vascas del infierno de la segregación y los demás españoles que compartimos la existencia de España.