Préstame tu vida, Beckham

GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN

OPINIÓN

EN ESTE PAÍS que pasa por ser uno de los más europeistas del continente, tenemos por ídolo de masas a un personaje que parece haberse negado a participar en la campaña a favor de la Constitución Europea. La contradicción se entiende mejor si desde el primer momento desvelamos que se trata de un futbolista, y en este universo singular, de David Beckham. Se asegura que ante la invitación que le hizo Moratinos aplazó la respuesta y, una vez consultadas personas de su confianza, dio calabazas al ministro por entender que la intervención sería mal vista en su tierra de origen, Gran Bretaña. No creo que los escrúpulos del deportista, si tales fueran, importaran mucho a quienes le pedían colaboración después de haber dado por bueno publicitar el tratado europeista en el corazón mismo de la bazofia televisiva que conocemos por Gran hermano . El balompié nos ha deparado miles de veces la convicción de que esos caballeros que se visten de corto casi todos los fines de semana, en general persiguen más el brillo del oro o del euro -aunque éste brille más bien poco-, que la honra del club o de la ciudad, a la que, no obstante, muchos dan por hecho que representan. Esas figuras del tinglado futbolístico, que suelen ganar más por derechos de imagen que por sudar la camiseta, pocas veces nos enseñan el corazón, excepto en las revistas de la víscera, y las más de las veces a cambio de cheques generosos. Beckham, primero en tantas cosas, además de cartera tiene corazón. Aunque a miles de kilómetros el uno de la otra. Plásticamente es la versión postmoderna de la vaca de Castelao, a la que nos ordeñan a mucha distancia. El británico dual podría ser el protagonista apropiado para eso otro fenómeno televisivo que nos anuncia la Caffarel, que busca la audiencia perdida a cualquier precio. El solo, sin otra apoyatura, podría ser por partida doble personaje de Préstame tu vida , uno encarnado en torno a su corazón, hecho carne el otro con su cartera como centro.