LOS ARTIFICIOS electorales vascos han complicado la eterna precampaña gallega. Como es tradición, PSOE y BNG especulan con el adelanto de unos comicios que deberían celebrarse en octubre. Algunos socialistas creen que el PP podría fijar las elecciones en junio, a fin de contrarrestar los «magníficos presupuestos del Estado para Galicia en el 2006». Todavía no han salido del lío que se metieron al generar enormes expectativas ante las cuentas del 2005 y los líderes del PSOE gallego ya están alimentando las esperanzas para el 2006. Se trata de huir hacia adelante, como siempre ha hecho un Fraga que, en principio, debería esperar a octubre, al objeto de que el tirón de Zapatero se vaya difuminando, las tensiones internas del PP se diluyan de cara al público y él pueda dar una imagen de normalidad, Documento Nacional de Identidad al margen. Pero, como dijo durante la rebelión de Baltar el incombustible Cacharro Pardo, «a estas alturas de la vida, nada me sorprende». El PSOE tiene en el Plan Galicia su atolladero y el PP, el suyo en la autosucesión de Fraga, cuarta parte. El del BNG es doble, formado por la combinación de su no a la Constitución Europea con su apoyo al Plan Ibarretxe. La suma de estas dos posturas complica el equilibrio en el Bloque, en el primer caso por diferencias de fondo y en el segundo, de forma. Para los nacionalistas gallegos el País Vasco es una cruz permanente, de Lobo en adelante, pues fue este infiltrado en ETA, al que encarna en el cine Eduardo Noriega, quien delató a Moncho Reboiras, el mártir de la UPG.