País de relojeros

| JUAN JOSÉ R. CALAZA |

OPINIÓN

BOUZA

LA OCDE realiza cada cuatrienio una evaluación sobre el nivel educativo de los estudiantes de 15 años, esto es, de alumnos de secundaria. En el último estudio, conocido como Informe PISA (Programme for International Student Assesment), España se sitúa por debajo de la media de la OCDE en conocimientos de matemáticas, comprensión lectora (por eso algunos no entienden la diferencia entre nacionalidad y nación) y cultura científica. En Europa, sólo Italia y Portugal están por debajo de nosotros. Por si fuera poco, la situación empeora respecto a anteriores encuestas. No es de extrañar, pues en este país no se sabe dar ni los buenos días correctamente. Eso sí, campeones mundiales de botellón, cainismo y hockey serie B. A toro pasado, los especialistas de la generalidad -así definió alguien profesionalmente a Montero Alonso- han dado explicaciones varias sobre este estado de cosas. Pero yo, que soy algo retorcidillo, prefiero recurrir a la Cuchilla de Occam: cuando concurren varias causas, explicaciones o hipótesis concurrentes la más adecuada suele ser la más sencilla. Y aquí lo más sencillo es privilegiar la hipótesis de que somos un país de tontos. O si prefieren, un país de listillos en el que el más tonto, que soy yo, sabe hacer relojes. No le den muchas vueltas, los resultados que expone el Informe PISA son la consecuencia directa del grado de memez al que hemos llegado. Podría presentar decenas de ejemplos al respecto pero espero que lo que sigue sea suficiente, si bien lo digo en pura retórica porque a ningún relojero le convencerán mis planteamientos, tanta es la fatiga que provocan esos artificios intelectuales que hacen que a la política se le llame ciencia y no arte. Recientemente, con mucho bombo y platillo, el Gobierno desempolvó un rancio plan tendente a prevenir y neutralizar al terrorismo islámico, prudencia que es muy de alabar en nuestros dirigentes y responsables de la cosa pública. Pero ningún relojero me ha explicado el por qué de esta urgencia en un país que, claudicación mediante, ha hecho prácticamente todo lo que nos ha exigido el islamismo, sin conseguir nada a cambio y perdiendo de consuno el apoyo de la primera potencia mundial. O sea que, con el pacto de civilizaciones y el ansia infinita de paz, estamos peor que antes. Cabe inclusive imaginar que el Gobierno, después de las concesiones de primera hora y la debilidad mostrada, esté sufriendo algún tipo de chantaje con amenaza de terror para obtener, por ejemplo, la liberación de los presos islamistas. Esto sería lo menos grave, porque mucho peor lo tendríamos si nos hubiéramos ganado la animadversión de EE.?UU. hasta el punto de que sus servicios secretos estuviesen organizando la desestabilización de España manipulando a algún que otro extremista enturbantado proclive a la revancha. ¿Tiene el Gobierno alguna información al respecto y la oculta celosamente? Queremos saber. Y también queremos saber imperativamente, ya mismo, por qué España acaba de comprarle sesenta misiles Patriot a Alemania para desplegarlos en el Estrecho apuntando hacia Marruecos. Este acto de hostilidad, que apruebo, no se compadece con la cacareada política exterior española y yo, que soy bastante lerdo, quiero que me lo expliquen. Es tarde para que le echen la culpa a Aznar, el cual, con todos sus defectos, fue consciente de la originalidad de España como nación y de una grandeza que no puede limitarse a un modesto papel en Europa de portamaletas de Francia. Quiero saber.