El voto del terrorismo

JOSÉ JAVALOYES

OPINIÓN

CAMBIAN los escenarios, pero no el libreto. Tanto da en Vitoria que en Palestina o en Irak. El terrorismo aspira siempre al arbitraje con su voto, para que lo votado caiga del lado suyo, o para que sólo voten los muertos. Si en Irak el terrorismo se intensifica conforme se avanza al próximo día 30, fecha de las elecciones, en Palestina ocurre que los islamistas de Hamás y la Yihad, más los comunistas del viejo FLP, suman sus esfuerzos para cerrar el paso a las urnas del día 9, de las que saldrá el nuevo presidente de la ANP, Abu Abás: aspirante a suceder a Yaser Arafat en el derruido alcázar de la Mukata, desde la presidencia de la OLP que ya alcanzó. Quien fue primer ministro en el penúltimo Gobierno del Rais, sabe que en estos días -con los ataques a colonias y poblaciones judías - puede estar germinando en Palestina la última guerra que faltaba: una guerra civil, entre sus huestes y quienes se oponen con todos los medios disponibles a que las elecciones se celebren. Estos, de momento, han conseguido con su ataque contra el poblado israelí de Sderot, que 50 carros y blindados enviados por Sharon ocupen la localidad palestina de Beit Hanun, en la franja de Gaza. Es idéntica estrategia que la de Al Qaida en Irak. El principio de la estabilización democrática de Palestina -como de Irak- es rigurosamente contrario al propósito islamista de desestabilización crónica del entero Oriente Medio. No cambia el guión. El terrorismo engrana realmente en la dinámica política cuando consigue aliados específicos: resistentes armados entre los árabes, o fuerzas sedicentemente democráticas entre los españoles. El mayor atentado de ETA contra la unidad nacional ha sido su voto para el Plan Ibarretxe. Quienes se lucran con el voto terrorista no está claro que puedan llamarse demócratas, ni en Oriente ni en Occidente; es decir, ni en Palestina ni en Irak, ni en Vitoria ni en Madrid. Lo democrático, como el poder, requiere la legitimidad de ejercicio.