La cuestión vasca

OPINIÓN

02 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

HEMOS DESPEDIDO el año con el Gobierno aceptando trocear el Archivo de Salamanca (de momento a favor de Cataluña) y con Ibarretxe intentando separar el País Vasco de eso que llama España como algo ajeno. No sé si el estratega de esto último (la aprobación del Plan en el Parlamento vasco) ha sido el batasuno Arnaldo Otegi, como se dice, pero todo parece indicar que sí. Lo cual nos da una idea bastante clara de por dónde van los tiros (imaginarios, espero), con un pulso cada vez más indeseable entre la parte y el todo. Porque en el Plan Ibarretxe no cree ni Ibarretxe, pero como hay Dios (si lo hay) que lo defenderán con uñas y dientes y lo empujarán hasta que alguien más embarranque con ellos. ¿Y quién más embarrancará? Pues toda una sociedad dividida, si no hay quien lo remedie. Y si no, al tiempo. Pasito a paso. Ni el presidente Zapatero ni el líder del PP, Mariano Rajoy, han hecho concesiones ante el plan secesionista de Ibarretxe. Tampoco los líderes del nacionalismo vasco han demostrado estar en disposición de negociar nada, sobre todo después encontrarse el pasado jueves con el apoyo batasuno-etarra para sacar adelante su plan en el Parlamento vasco. Un logro que quizá sólo deseaban los radicales, pero que, paradójicamente, fue presentado y defendido por la testaruda coalición gobernante. ¿Nombrará Zapatero otra comisión de expertos, o de sabios, o de lo que sea, para deshacer el entuerto? ¿O resistirá las embestidas nacionalistas con el Estado de Derecho y la legalidad vigente? Después de la polémica experiencia de los especialistas (¿en crear problemas?) que dictaminaron sobre el Archivo de Salamanca, parece aconsejable no parapetarse detrás de más sabios para envolver en extraños celofanes las decisiones que hay que adoptar. El Plan Ibarretxe está sobre la mesa, y con él empieza el año 2005, en el que, además, habrá elecciones en el País Vasco. Rodríguez Zapatero debe dar una respuesta institucional clara, contundente e integradora, si no quiere que el problema se agigante y los embarrancadores de hoy acaben por lograr mañana un éxito en el que no creen, ni es suyo, ni se lo merecen. Es la hora de responder con firmeza y sin equívocos.